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LUIS SALVADOR DE AUSTRIA, PRÍNCIPE DE TOSCANA | Bohemia, Mallorca: nuestra historia común

Updated: Apr 3

Los viejos olivares contemplan tranquilos las historias humanas que transcurren a su sombra.

El Archiduque Luis Salvador de Austria, Príncipe de Toscana, fue un viajero apasionado, científico erudito, escritor, mecenas de arte, amante y protector de la Naturaleza. Vivió en varios lugares de Europa y los traslados entre una y otra residencia solía alternarlos con viajes y escapadas a distintas regiones europeas. La Isla de Mallorca en el Mediterráneo llegó a ser su patria adoptiva, mientras que la ciudad checa de Brandýs and Labem siempre fue para él un lugar seguro donde se refugiaba en la antigua residencia familiar.


En las postrimerías del siglo XIX y los inicios del XX el Archiduque participó en muchas de las exposiciones mundiales de importancia, compartiendo ampliamente sus experiencias y conocimientos. Fue una personalidad inspiradora. Durante sus primeras navegaciones por el Mar Mediterráneo descubrió Mallorca para el turismo. Publicó decenas de libros sobre las Islas Baleares, su sociedad, flora y fauna, artesanías tradicionales y costumbres…

En Valldemossa, a los pies de Serra de Tramuntana, Luis Salvador conoció a una mujer excepcional – artista y madre de catorce hijos, Pilar Montaner de Sureda.

Los olivares, entre los que pintó Pilar Montaner, “artista sin rostro”, injustamente caída en olvido, pertenecen a los los árboles de olivo más antiguos en Europa. Son símbolo de estabilidad, símbolo de nuestros ancestros que remontan a la vieja Grecia. Son símbolo de fertilidad de largos siglos.


Sin embargo, los personajes de esta lejana historia, frágiles y efímeros, se desvanecen rápidamente en el correr del tiempo. Luis Salvador amó profundamente la belleza de esos antiquísimos olivares, los protegía. Fue él quien descubrió Mallorca para los turistas y yo intento recompensar modestamente a la isla buscando y redescubriendo sus propias historias humanas que han permanecido desapercibidas u olvidadas en medio de las multitudes turísticas.

Siguen siendo los mismos árboles: Luis Salvador los protegía, Pilar los pintaba y yo sigo caminando sin rumbo entre ellos, tratando de plasmar en fotografía el fugaz reflejo de sus rostros y sus emociones. Sigo las huellas dejadas por el viajero y mecenas de las artes y retorno a mis propias raíces. A las raíces de una aldeana y mujer cosmopolita e independiente a la vez, a nuestras raíces compartidas de europeos.


Sí, soy europea y quiero ayudar a que esos viejos olivares puedan seguir contando historias. Por ejemplo sobre la decrépita casona Son Mossenya, defraudada por un impostor buscado infructuosamente durante años por la Interpol. Y nosotros seguimos soñando sobre esa casona reconvertida en un centro artístico en homenaje a la historia común, a la creatividad humana.


More about the Son Mossenya project and case: www.zuzanamalina.art/sonmossenya